Home
Estudio Torá
Contact Us
Donaciones
Notas profetas mayores
Home
Estudio Torá
Contact Us
Donaciones
Notas profetas mayores
More
  • Home
  • Estudio Torá
  • Contact Us
  • Donaciones
  • Notas profetas mayores

  • Home
  • Estudio Torá
  • Contact Us
  • Donaciones
  • Notas profetas mayores

Nitzavim (de pie) y Vaylelej (salio)

LA PORCIÓN DE LA TORÁ, DEUTERONOMIO 29:9-31:10 Moisés convocó a todo Israel a que reafirmará su decisión de escoger vida y bendición: “Vosotros todos estáis hoy presentes (de pie) ante el SEÑOR”.  Profetizó acerca del exilio romano que sería hasta los confines de la tierra y también dio a conocer la promesa de reunión de los exiliados que sucederá al sonido del gran shofar. 


Cumplió 120 años. Terminó de escribir la Torá y la entregó a los levitas para guardarla junto al Arca del Pacto. Estableció el mandamiento de la reunión de todo Israel cada siete años para que todos escucharan la lectura de la Torá.


El SEÑOR le advirtió a Moisés acerca de la infidelidad de Israel y le dijo que escribiera un cántico, en el cual levantaría un litigio divino en su contra. Luego Moisés entregó el liderazgo de los hijos de Israel a Josué, su sucesor.


LA PORCIÓN DE LOS PROFETAS, ISAÍAS 61:10-63:9 Isaías profetiza acerca del gran gozo que tendrá Jerusalem por el motivo del retorno de todos sus hijos a la Tierra Prometida. Se vestirá resplandeciente, con las ropas de salvación. El SEÑOR nos llama a interceder como atalayas por la restauración de Jerusalem, a unirnos con gozo a su plan y a defender su hermosa causa divina. 


LA PORCION DE LOS EVANGELIOS, MATEO 24:30-31Citando Isaías 27:12-13, Yeshua promete que Él enviará a sus ángeles y, con el sonido de una gran trompeta, hará reunir a sus elegidos desde los cuatro vientos, de un extremo de los cielos hasta el otro. Los llevará a su santo monte en Jerusalem. El Rey pondrá fin al largo exilio, porque Él también retornará. 


Moisés convocó a todo Israel y les dijo: “Vosotros todos estáis hoy presentes ante el SEÑOR”. Repitiendo la palabra “hoy” 14 veces en esta porción, el SEÑOR nos comunica claramente que es HOY el momento oportuno y preciso para escoger vida y bendición. El hecho de estar “de pie” denota prestar atención, escuchar cuidadosamente y asumir la responsabilidad. Estar “de pie” denota a un pueblo libre del yugo opresor del Adversario.


El Autor de la vida no quiere que nadie perezca, sino que todos proceden al arrepentimiento y que tengan vida eterna (II Pedro 3:9). Esta invitación está siempre abierta y vigente, para cada persona de cada generación.


Había llegado el momento solemne en que la nueva generación debía reafirmar su decisión de escoger vida. Todos estaban presentes, y también estaban representadas las generaciones futuras, incluye al forastero y al leñador. 


“Hoy estáis todos vosotros en presencia del SEÑOR vuestro Dios: vuestros jefes, vuestras tribus, vuestros ancianos y vuestros oficiales, todos los hombres de Israel, y vuestros pequeños, vuestras mujeres, y el forastero que está dentro de sus campamentos, desde su leñador hasta el que saca tu agua, para que entre en el pacto con el SEÑOR tu Dios, tal como te lo ha dicho y como lo juró a tus padres, Abraham, Isaac y Jacob. Y no hago sólo con vosotros este pacto y este juramento, sino también con los que están hoy aquí con nosotros, en presencia del SEÑOR nuestro Dios, y con los que no están hoy aquí con nosotros” (Deuteronomio 29:10-14).


“Arrepiéntanse en preparación para la llegada del reino de los cielos” es el mensaje de las Escrituras. Los que se arrepientan de sus malos caminos no continúan en ellos están escogiendo VIDA y BENDICIÓN. Están escogiendo al reino de Dios y su justicia.


Con cada amanecer y con cada respiración que nos permite, el Creador nos está concediendo una nueva oportunidad para escoger vida y bendición. Aun en medio de la ruina y devastación, la misericordia del SEÑOR es nueva cada mañana y grande es su fidelidad (Lamentaciones 3:19-24). 

“Si oís hoy su voz, no endurezcáis vuestros corazones” (Hebreos 4:7; Salmo 95:7-8). El SEÑOR anhela escribir su Torá en cada corazón. Su pacto es bendición, y los que aman su pacto son su pueblo bendito (Números 22:12). 


Una vez más Moisés advierte al pueblo acerca de la idolatría, porque nos hace tanto daño. Desvía al corazón del pacto del Eterno a servir a otros dioses (Deuteronomio 29:16-28). “No sea que haya entre vosotros hombre o mujer, familia o tribu, cuyo corazón se aleje hoy del SEÑOR nuestro Dios para ir y servir a los dioses de aquellas naciones; no sea que haya entre vosotros una raíz que produzca fruto venenoso y ajenjo” (Deuteronomio 29:18).


Citando Deuteronomio 29:18, el autor de la carta a los hebreos nos hace la misma advertencia y se refiere a Esaú como ejemplo, ya que él no valoraba el pacto, para él no valía más que un plato de comida. “Mirad bien de que nadie deje de alcanzar la gracia de Dios; de que ninguna raíz de amargura, brotando, cause dificultades y por ella muchos sean contaminados” (Hebreos 12:15-17). 


La idolatría no sólo se expresa en inclinarse ante imágenes, también se da a conocer como el desenfreno de la carnalidad: la inmoralidad, la entrega a los vicios, la glotonería, las ataduras y adicciones, la rebelión, y las maldades (Colosenses 3:5). El comportamiento carnal desenfrenado afecta mucho al prójimo. Trae ruina, y hace terribles estragos destructores en las familias.


El hombre idolatra se aleja de Dios y se envanece en un estilo de vida destructivo. Su corazón entenebrecido está desviado y endurecido de tal manera que no consigue el arrepentimiento. Poco le importa el hecho de que sus malos caminos están arruinando las vidas de otras personas porque “destruye la tierra regada junto con la seca” (Deuteronomio 29:19). Insiste en sus vicios y maldades y desafía la maldición con su boca felicitándose a sí mismo por su obstinación diciendo: “Tendré paz, aunque ande en la terquedad de mi corazón” (Deuteronomio 29:19). 


Pero la paz que dice tener el necio no perdurará porque “el SEÑOR jamás querrá perdonarlo, sino que “la ira del SEÑOR y su celo arderán contra ese hombre, y toda la maldición que está escrita en el libro caerá sobre él, y el SEÑOR borrará su nombre debajo de cielo. Y el SEÑOR lo señalará para adversidad de entre todas las tribus de Israel, según todas las maldiciones del pacto que están escritas en este libro de la ley” (Deuteronomio 29:19-21). 


Moisés les recuerda una vez más a la nueva generación acerca de la decisión que tenían que tomar: escoger lo que pertenece a la bendición y la vida. Les hace ver que no es una decisión pesada o difícil, ni es algo que está lejos o fuera de su alcance. 


De hecho, la oportunidad para escoger vida está muy cercana a cada persona. La fe en las promesas del pacto y el escoger vida y bendición es algo tan cercano a nosotros como lo están nuestro propio corazón y boca (Deuteronomio 30:11-14). Con el corazón uno cree y con la boca damos testimonio (Romanos 10:10).


“Mira, yo he puesto delante de ti la vida y el bien, la muerte y el mal; pues te ordeno hoy amar al SEÑOR tu Dios, andar en sus caminos y guardar sus mandamientos, sus estatutos, y sus juicios, para que vivas y te multipliques, a fin de que el SEÑOR tu Dios te bendiga en la tierra que vas a entrar para poseerla” (Deuteronomio 30:15-20).


Moisés les hace ver que el hecho de escoger vida no se trataba de algo trabajoso ni era difícil. No era algo que requería subir al cielo para traer, ni había que ir más allá del mar para buscarlo.  


Esta referencia que Moisés hace acerca de subir y bajar está basada en la visión de Jacob, de la escalera en la cual ángeles bajaban y subían (Génesis 28:10-22).  La escalera de su visión unía los cielos con la tierra, y representaba la obra redentora del Hijo del Hombre, porque Él reconcilió los cielos con la tierra e hizo posible la llegada del reino de los cielos a la tierra (Colosenses 1:19-20). Fungiendo como una escalera divina, el Mesías unió, reconcilio, los cielos y la tierra. Su obra de redención abre el acceso al trono celestial porque Él es el mediador del pacto y perdonó nuestros pecados (Hebreos 9:15). 


El apóstol Pablo lo explica en su carta a los romanos. “¿Quién subirá al cielo (para hacer bajar al Mesías) o quien descenderá al abismo (eso es para levantar al Mesías de entre los muertos)”? (Romanos 10:6-10). 


Él que descendió y ascendió lo llenó todo. Su victoria es completa y sin rival alguno. Todo está puesto en sujeción bajo sus pies. Despojó al Adversario de nuestras almas y lo exhibió públicamente, acabó con todos sus ejércitos. Yeshua llevó cautivo la cautividad y dio dones a los hombres para la edificación de la Casa de Dios (Efesios 4:8-12; Colosenses 2;15; I Corintios 15:28).


Con todo el corazón creemos las buenas nuevas acerca de la victoria que obtuvo el Mesías sobre la muerte. Él resucitó de entre los muertos para nuestra justificación. Con la boca confesamos que Él es el SEÑOR, para salvación. El que cree en Yeshua, ha pasado de muerte a vida (Colosenses 1:13; Juan 5:24; II Timoteo 1:9-10).


Los cielos y la tierra son los testigos de nuestra decisión (Deuteronomio 30:19). “Al cielo y la tierra pongo hoy como testigos contra vosotros de que he puesto ante ti la vida y la muerte, la bendición y la maldición. Escoge, pues, la vida para que vivas, tú, tu descendencia, amando al SEÑOR tu Dios, escuchando su voz y allegándote a Él, porque eso es tu vida y la largura de tus días, para que habites en la tierra que el SEÑOR tu Dios juró dar a tus padres Abraham, Isaac y Jacob.”


“Pero si tu corazón se desvía y no escuchas, sino que te dejas arrastrar y te postras ante otros dioses y los sirves, yo os declaro hoy que ciertamente pereceréis. No prolongaréis vuestros días en la tierra adonde tú vas, cruzando el Jordán para entrar en ella y poseerla” (Deuteronomio 30:17-18).


Moisés les advierte que las consecuencias de la desobediencia serían muy graves y que todas las naciones hablarían de la maldición y dirían que el Eterno desarraigó a los hijos de Israel de su tierra con ira, con furor y con gran enojo (Deuteronomio 29:24-28). 


Al estudiar la porción anterior (Ki Tavo), hicimos una comparación entre la lista de las calamidades de Levítico 26 y la de Deuteronomio 28. Vimos que Levítico 26 las presenta en el contexto disciplinario del pacto, porque el pueblo “procedía con hostilidad” contra el SEÑOR. “Los cielos como hierro y la tierra como bronce” (Levítico 26:19). Habla específicamente de la cautividad en Babilonia… “Entonces la tierra gozara de sus días de reposo durante todos los días de su desolación, mientras que habitéis en la tierra de vuestros enemigos…” (Levítico 26:34-35; 2 Crónicas 36:21). El SEÑOR concluye la lista diciendo que, a pesar de todo, El no los desechara para destruirlos, ni quebrantara su pacto… “sino que por ellos me acordare del pacto con sus antepasados, que yo saque de la tierra de Egipto a la vista de las naciones, para ser su Dios…” (Levítico 26:45).


La lista de calamidades en Deuteronomio 28 está en el contexto del pacto renovado, dirigida a la nueva generación. “El cielo seria como bronce y la tierra como hierro” (Deuteronomio 28: 23). 


Moisés profetiza que llegaría el momento en que los hijos de Israel serían esparcidos hasta los 4 confines de la tierra. Al mismo tiempo promete que “de allí (estando aún en el exilio, galut) el SEÑOR tu Dios te recogerá y de allí te hará volver” (Deuteronomio 30:4). 


El yugo de hierro a que se refiere es el romano (Deuteronomio 28:48)

Babilonia y Roma tienen mucho en común… de hecho, son como los dos lados de una moneda. Mientras que el imperio de Babilonia fue revelado por el profeta de Daniel como un león con alas y la cabeza de oro en la estatua que dio a conocer los imperios mundiales que harían estragos en el monte del Templo, el imperio romano le fue revelado como una bestia terrible y espantosa, que todo lo pisotea y devora con sus temibles garras y dientes. Aparece en el sueño de la estatua como las dos piernas de hierro y de último, los dos pies y los 10 dedos barro y hierro mezclado.


En el año 70 DC, 40 años después de la muerte y la resurrección de Yeshua, los romanos destruyeron al segundo Templo y a Jerusalem. Provocaron la dispersión y el exilio de Judá hasta los 4 confines de la tierra. 


El imperio romano existió en dos partes: occidente y oriente. El occidente cayó en el año 476 DC, conquistado por el general bárbaro Odoacro. Sin embargo, su poder y gobierno (centrados en Roma) fueron asumidos por la iglesia oficial del impero: la católica romana.


El oriente existió con su capital en Constantinopla (Estambul) y, como el imperio bizantino se desarrolló como la iglesia griega ortodoxa. En 1453 el oriente fue conquistado por Mehmed II, de los turcos otomanos (el Islam). 


Aunque el imperio Otomano dejó de existir después de la primera guerra mundial, su ideología anti-Mesias continua vigente hasta el día de hoy por medio de las naciones y organizaciones islámicas que tienen el propósito de destruir a Israel y de establecer un califato mundial. Su reino de tinieblas está representado por el barro en los pies de la estatúa. Será por poco tiempo.


Aún estamos viviendo el tiempo del exilio romano. El profeta Daniel nos revela que terminará en el momento en que llegue la ROCA, el Mesías Rey. Vendrá y golpeará los pies de hierro y barro (alianzas de Roma/Edom con el Islam) y los desmenuzará… la Roca se volverá un gran monte que llenará toda la tierra (el reino del Mesias, Daniel 2:34-35).


En 1933, Adolfo Hitler fue nombrado canciller de Alemania. Movido por la legión de demonios que lo poseía, su plan era formar el Tercer Reich del sacro imperio romano, e introducir 1000 años de su gobieno sobre el mundo entero.


Deuteronomio 28:49…  una nación de lejos descenderá como águila…Hitler uso como su símbolo la bandera con dos águilas del “sacro imperio romano”

Deuteronomio 28:48 hambre, desnudez, escasez en todo…v.31 no tendrás quien te salve…v.24 lluvia como ceniza… ¿quién podría imaginar que vendría de los hornos crematorios? v.25 ejemplo de terror para todos los reinos de la tierra…v. 37 motivo de horror y burla… v.29 oprimidos, robados continuamente, sin nadie que te salve…se ofrecerán como esclavos, pero no habrá comprador….v.34 te volverás loco por lo que verán tus ojos… el Adversario de rostro fiero, no tiene compasión del anciano ni de los niños… eran considerados por los criminales nazi como “consumidores inútiles” y sujetos a los tratamientos y experimentos más viles. 


El intento de establecer su gran imperio sin población judía Hitler fracasó. La sangrienta Segunda Guerra mundial duro 6 años, terminando finalmente en 1945. Se calcula que el número de personas que murieron por su causa suma de 70 a 85 millones. Una tercera parte de la población judía de Europa fue asesinada.


La declaración del estado de Israel en 1948 es algo muy grande y benditas las naciones que votaron a su favor. Se hizo por medio del sacrificio y trabajo de personas muy esforzadas y valientes…. Algunos llegaron vestidos con lo único que tenían, los mismos harapos rallados de los campos de muerte…. Subieron a pesar de la oposición y trabajaron la tierra desolada…. 


Pero pronto viene el día en que Israel sea levantada por Yeshua como la cabeza de las naciones y vestida en toda su gloria. Las naciones subirán a Jerusalem para aprender la Torá y a celebrar las fiestas…. Eso será algo magnifico, realmente difícil de imaginar…. 


Así es que, al mismo tiempo que Moises advierte acerca de las consecuencias terribles de la desobediencia, también revela un misterio maravilloso. “Las cosas secretas pertenecen al SEÑOR nuestro Dios” declara Moisés (Deuteronomio 29:29). Luego, en el mismo contexto, se refiere al retorno de los exilados de todas las naciones (Deuteronomio 30:1-10). 


Los misterios del reino de los cielos (los secretos del SEÑOR) son para los que le temen y Él les dará a conocer su pacto (Salmo 25:14). Son para sus discípulos. “Ciertamente el SEÑOR no hace nada sin revelar su secreto a sus siervos los profetas” (Amos 3:7). 


“Su consejo privado (sus secretos) está con los rectos” (Proverbios 3:32). Los misterios divinos son los planes magníficos del Eterno. Son como joyas preciosas, custodiadas por los ángeles en el cofre celestial por su incalculable valor. 


Los juicios divinos son insondables y sus caminos son inescrutables (Romanos 11:33). La promesa del retorno y de la reunión de los exiliados en la Tierra Prometida es algo que pertenece a los misterios del reino de los cielos. 


“He aquí, os digo un misterio: no todos moriremos, pero todos seremos transformados en un momento, en un abrir y cerrar de ojos, a la trompeta final; pues la trompeta sonará y los muertos resucitarán incorruptibles, y nosotros seremos transformados” (I Corintios 15:51-52). 


Deuteronomio 30:1-5: “Y sucederá que cuando todas estas cosas hayan venido sobre ti…. Y tú las recuerdes en todas las naciones adonde el SEÑOR tu Dios te haya desterrado, y vuelvas…” 


La palabra hebrea galut (exilio) comparte su raíz con la palabra “desnudar” (humillar, dejar vulnerable y sin defensa). El retorno de los exiliados a la Tierra Prometida se llama kibutz (juntar, reunir) galuyot (exilios). 


“El Kibutz Galuyot (el retorno a la Tierra Prometida, el fin del exilio romano y la reunión de los exilados) es un evento por el cual los judíos oran tres veces al día, cada día: Que suene el gran shofar de nuestra libertad, y que se levante un estandarte para reunir a nuestros exilados, y reúnenos desde los cuatro rincones de la tierra. Bendito seas tú, Oh Señor, que reúnes a los que de tu pueblo Israel están esparcidos”. (Décima bendición del Shemoné Esrei.) 


El Kibutz Galuyot es evento iniciado con un fuerte sonar del shofar, encabezado por el Mesías y acompañado por la resurrección de los muertos.” (Página 894, Torah Club Volume Two, Shadows of the Messiah, Nitzavim, copyright First Fruits of Zion)


Consolando a los creyentes, el apóstol Pablo también habló de la misma esperanza (I Corintios 15: 50-58, I Tesalonicenses 4:13-18). La voz de Yeshua es como el sonido del gran shofar, poderosa y victoriosa para levantar a los muertos (Juan 5:28-29).

“Y vuelvas al SEÑOR tu Dios” (Deuteronomio 30:2). La palabra “volver” es shuv en hebreo, y significa arrepentimiento que provoca un cambio de dirección. Es el hecho de abandonar los malos caminos y de buscar la senda antigua (eterna) de la Torá. 


El retorno al SEÑOR es literal, físico y geográfico (a la Tierra Prometida), y también es espiritual, es un retorno (subir) a la senda de la Torá… el dedicarse a la lectura y al estudio diligente de la Palabra de Dios.


El arrepentimiento es necesario para poder retornar, de la misma manera en que el hijo prodigo tuvo que llegar al arrepentimiento genuino para poder regresar a la casa de su padre (Lucas 15:11-32). Un día que estaba comiendo con los cerdos, su espíritu finalmente despertó. El joven meditó en cómo se había alejado tanto de la casa de su padre y cómo había malgastado su vida y los recursos que había tenido en sus manos. Se levantó, y buscó el camino para poder regresar a la casa de su padre. Su padre lo vio venir de lejos y, con gran gozo, salió a recibirle.


“Además, el SEÑOR tu Dios circuncidará tu corazón y el corazón de tus descendientes para que ames al SEÑOR tu Dios con todo tu corazón y con toda alma, a fin de que vivas” (Deuteronomio 30:6). El pacto nuevo es la misma Torá escrita en el corazón circuncidado (receptivo). “Porque este es el pacto que haré con la casa de Israel después de aquellos días, declara el SEÑOR. Pondré mi ley dentro de ellos y sobre sus corazones la escribiré; y yo seré su Dios y ellos serán mi pueblo” (Jeremías 31:33).


“Fue Moisés y habló estas palabras a todo Israel, y les dijo: Hoy tengo 120 años; ya no puedo ir ni venir, y el SEÑOR me ha dicho: No pasarás este Jordán.” Moisés se despidió de los hijos de Israel, consolándoles que el SEÑOR estaría con ellos y que Josué sería su nuevo líder. “El SEÑOR tu Dios pasará delante de ti: Él destruirá estas naciones delante de ti y las desalojarás. Josué es el que pasará delante de ti, tal como el SEÑOR te ha dicho” (Deuteronomio 31:1-3). 


Moisés animó a Josué y también al pueblo a que tuvieran firmeza y valentía. Los exhortó a no tener miedo y a aferrarse siempre al SEÑOR y a creer en las promesas de su pacto: “el SEÑOR irá delante de ti: Él estará contigo, no te dejará ni te desamparará, no temas ni te acobardes” (Deuteronomio 31:6,8).


Moisés ordenó la lectura de la Torá en la presencia de todo Israel, a que debía realizarse al fin de cada 7 años, durante el tiempo del año de la remisión de deudas, en la fiesta de gran gozo y alegría, Sukot (Deuteronomio 31:1). 


Deuteronomio 31:24: “Moisés terminó de escribir las palabras de esta ley en un libro, hasta su conclusión.” Luego entregó la Torá a los sacerdotes para guardar junto al Arca del Pacto. Ordenó a los levitas: “Tomad este libro de la ley y colocadlo junto al Arca del Pacto del SEÑOR vuestro Dios”. La Torá debía permanecer con el Arca del Pacto, el trono del Altísimo. 


La Torá sería testigo contra los rebeldes: “Porque conozco vuestra rebelión, y vuestra obstinación; he aquí, estando todavía vivo con vosotros, habéis sido rebeldes contra el SEÑOR; ¿cuánto más lo seréis después de mi muerte?” (Deuteronomio 31:26-27)


“Y el SEÑOR dijo a Moisés: He aquí, tú vas a dormir con tus padres; y este pueblo se levantará y fornicará tras los dioses extranjeros de la tierra en la cual va a entrar, y me dejará y quebrantará mi pacto que hice con él. Y se encenderá mi ira contra él en aquel día; los abandonaré y esconderé mi rostro de ellos. Será consumido, y muchos males y tribulaciones vendrán sobre él, por lo que dirá en aquel día: ¿No será porque mi Dios no está en medio de mí que me han alcanzado estos males? Pero ciertamente esconderé mi rostro en aquel día por todo el mal que habrá hecho, pues se volverá a otros dioses. 


Ahora pues, escribid este cántico para vosotros, y tú, enséñaselo a los hijos de Israel; ponlo en su boca, para que este cántico me sea por testigo contra los hijos de Israel."


Informado por el SEÑOR de la infidelidad del pueblo que sucedería después de su muerte, Moisés escribió un cántico y lo enseñó a los hijos de Israel. Les advierte de la ira divina: el SEÑOR “escondería su rostro” de ellos, por causa de su idolatría. 


Luego llegó el momento para el nombramiento de Josué. “Entonces dijo el SEÑOR a Moisés: He aquí, el tiempo de tu muerte está cerca; llama a Josué y presentaos en la tienda de reunión para que yo le dé mis órdenes. Fueron, pues, Moisés y Josué y se presentaron en la tienda de reunión” (Deuteronomio 31:14).


Apareció el SEÑOR allí en una columna de nube (Deuteronomio 31:15). Entonces el SEÑOR nombró a Josué, hijo de Nun y le dijo: “Sé fuerte y valiente, pues tú llevarás a los hijos de Israel a la tierra que le he jurado, y yo estaré contigo” (Deuteronomio 31:23).


Moisés también escribió una oración (Salmo 90): “Oración de Moisés, hombre de Dios”: SEÑOR, tú has sido una morada para nosotros de generación a generación. Antes que los montes fueran engendrados, y nacieran la tierra y el mundo, desde la eternidad y hasta la eternidad, tú eres Dios.


Haces que el hombre vuelva a ser polvo, y dices: Volved, hijos de los hombres. Porque mil años ante tus ojos, son como el día de ayer que ya pasó, y como una vigilia de la noche. Tú los has barrido como un torrente, son como un sueño; son como la hierba que por la mañana reverdece; por la mañana florece y reverdece; al atardecer se marchita y se seca.


Porque hemos sido consumidos con tu ira, y por tu furor hemos sido conturbados. Has puesto nuestras iniquidades delante de ti, y nuestros pecados secretos a la luz de tu presencia. Porque por tu furor han declinado todos nuestros días; acabamos nuestros años como un suspiro. Los días de nuestra vida llegan a 70 años; y en caso de mayor vigor, a 80 años. 


Con todo, su orgullo es sólo trabajo y pesar, porque pronto pasa, y volamos. ¿Quién conoce el poder de tu ira, y tu furor, conforme al temor que se te debe? Enséñanos a contar de tal modo nuestros días, que traigamos al corazón sabiduría.


Vuelve, SEÑOR: ¿hasta cuándo? Y compadécete de tus siervos. Sácianos por la mañana con tu misericordia, y cantaremos con gozo y nos alegraremos todos nuestros días. Alégranos conforme a los días que nos afligiste, y a los años en que vimos adversidad. 


Manifiéstate tu obra a los siervos, y tu majestad a tus hijos, y sea la gracia del SEÑOR nuestro Dios sobre nosotros. Da permanencia a la obra de nuestras manos; sí, la obra de nuestras manos confirma.”


La Torá es eterna y cumple su propósito sin fallar (Isaías 55:6-56:8). No regresa al SEÑOR sin haber cumplido su propósito divino. Es vida, como la lluvia que desciende de los cielos. Es el buen tesoro guardado en los cielos, al lado del mismo trono del Altísimo.


Los pensamientos del SEÑOR no son nuestros, tampoco sus caminos son los nuestros. “Porque como los cielos son más altos que la tierra, así mis caminos son más altos que vuestros caminos, y mis pensamientos más que vuestros pensamientos” (Isaías 55:8-9).


LA PORCIÓN DE LOS PROFETAS, ISAÍAS 61:10-63:9


La lectura de la séptima consolación es muy hermosa, revelándonos el gran gozo de Jerusalem por el retorno de todos sus hijos a la Tierra Prometida. 


El largo exilio romano habrá terminado e Israel como nación entera habrá recibido la revelación de la identidad de Yeshua, así como José se reveló a sus hermanos. También habrá recibido un nuevo corazón: “Os tomaré de las naciones, os recogeré de todas las tierras, os llevaré a vuestra tierra… os rociaré con agua limpia de todas vuestras inmundicias y de todos vuestros ídolos, quitaré el corazón de piedra y os daré un corazón de carne. Pondré dentro de vosotros mi Espíritu y haré que andéis en mis estatutos… habitaréis en la tierra que di a vuestros padres; y seréis mi pueblo y Yo seré vuestro Dios” (Ezequiel 36:24-28).


Al inicio de su profecía, Isaías habla acerca de Jerusalem y la presenta como una mujer muy enferma y sucia a causa de su inmoralidad y rebelión: llena de dolorosas heridas, antiguas y recientes. “Toda cabeza está enferma, y todo corazón desfallecido. De la planta del pie a la cabeza no hay en él nada sano, sino golpes, verdugones y heridas recientes; no han sido curadas ni vendadas, sin suavizadas con aceite” (Isaías 1:5). 


“Vuestra tierra está desolada, vuestras ciudades quemadas por el fuego, vuestro suelo lo devoran extraños delante de vosotros y es una desolación, como destruida por extraños” (Isaías 1:7). Isaías describe a un pueblo sobre el cual ha caído las maldiciones escritas en la Torá, ha llegado a ser motivo de horror y burla (Deuteronomio 27:26; 28:37; Jeremías 11:1-8; 24:9).

Isaías también habla acerca de su sanación: “¿Quién ha creído a nuestro mensaje? ¿A quién se ha revelado el brazo del SEÑOR?” (Isaías 53:1)


“El SEÑOR ha desnudado su santo brazo a la vista de todas las naciones, y todos los confines de la tierra verán la salvación de nuestro Dios” (Isaías 52:10). Isaías profetiza que el Siervo de Dios tomaría sobre sí mismo la maldición que nos correspondía a nosotros (Isaías 53). “¿Por la transgresión de mi pueblo, a quien correspondía la herida? (Isaías 53:8) “El SEÑOR hizo que cayera sobre Él la iniquidad de todos nosotros” (Isaías 53:6). 


El Siervo llevó todas nuestras enfermedades, fue azotado, afligido y herido de Dios. Por sus heridas hemos sido sanados (Isaías 53:5). “Por consiguiente, no hay ahora condenación para los que están en el Mesías Yeshua” (Romanos 8:1).


Él perdonó todos los delitos y nos dio vida y bendición. Por eso, “en gran manera me gozaré en el SEÑOR, mi alma se regocijará en mi Dios; porque Él me ha vestido de ropas de salvación y me ha envuelto en manto de justicia” (Isaías 61:10). 


Jerusalem ya no estará más desnuda ni pasará por más humillación. Limpia y pura, estrenará vestiduras resplandecientes. Como la Novia amada, adornada con preciosas joyas, brillará como diadema real en la palma de su Dios. El Eterno se regocijará por ella con cánticos de amor y júbilo (Sofonías 3:14-20). 


Las naciones ya no la tendrán por objeto de maldición y burla. “Entonces verán las naciones tu justicia, y todos los reyes tu gloria, y te llamarán con un nombre nuevo, que la boca del SEÑOR determinará. Serás también corona de hermosura en la mano del SEÑOR, y diadema real en la palma de tu Dios. Nunca más se dirá de ti: Abandonada, ni de tu tierra se dirá jamás: Desolada; sino que se te llamará: Mi deleite está en ella, y tu tierra: Desposada, porque en ti se deleita el SEÑOR, y tu tierra será desposada. Porque como el joven se desposa con la doncella te desposarán tus hijos; y como se regocija el novio por la novia, tu Dios se regocijará por ti” (Isaías 62:2-5).


Todos los que han cumplido su misión como centinelas en las murallas, intercediendo por Jerusalem día y noche por tantos años, verán su restauración y se regocijarán en gran manera. Los que han orado por su paz alabarán al SEÑOR. Asimismo, tendrán sumo gozo todos los que han trabajado construyendo calzadas, enseñando Torá y preparando el camino para el retorno.


Mientras que llegue ese momento glorioso, el SEÑOR nos pide continuar en oración y, como atalayas, “recordarle” continuamente, sin cesar acerca de la restauración de Jerusalem: “En todo el día y en toda la noche jamás callarán. Los que hacéis que el SEÑOR recuerde, no os deis descanso, ni le concedáis descanso hasta que la restablezca, hasta que haga de Jerusalem una alabanza en la tierra” (Isaías 62:6-7).


Cuando el Adversario quiere acusar o atacar a Jerusalem, verá que hay centinelas sobre sus murallas. Quiere acusarla, pero observa que ella no está sola ni indefensa, más bien, hay quienes la aman y proclaman palabras de vida y restauración sobre ella. Además, verá que hay artesanos como Nehemias, trabajando, reparando y construyendo entre las ruinas. 


Los centinelas que defienden la causa divina e interceden según las promesas del Altísimo estorban los planes del Adversario. Le hace ver que Jerusalem no le pertenece. Es reprendido por el SEÑOR y debe retroceder (Zacarias 3:1-3).


El retorno y la restauración son muy difíciles y requieren la intervención divina. Necesita la manifestación del poder de la resurrección, porque es vida de entre los muertos. “¿Qué Dios hay como tú, que perdona la iniquidad y pasa por alto la rebeldía del remanente de su heredad? No persistirá en su ira para siempre, porque se complace en la misericordia” (Oseas 14:2-10; Miqueas 7:18-20).


LA PORCION DE LOS EVANGELIOS, MATEO 24:30-31 


Basándose en la promesa de la Torá de la reunión de los exiliados (Deuteronomio 30:1-6) y citando Isaías 27:12-13, Yeshua promete que enviará a sus ángeles y, con el sonido de una gran trompeta, reunirá a sus elegidos de los cuatro vientos, desde un extremo de los cielos hasta el otro. “Sucederá también en aquel día que se tocará una gran trompeta, y los que perecían en la tierra de Asiria y los desterrados en la tierra de Egipto, vendrán y adorarán al SEÑOR en el monte santo en Jerusalem” (Isaías 27:13).


Yeshua es el Profeta como Moisés que el SEÑOR había prometido levantar (Deuteronomio 18:18-19; Hechos 3:22-23; 7:37; Juan 7:40). “A El oíd”. Como el Profeta que había sido prometido, Yeshua habla solamente las palabras del Padre y nos presenta la decisión que hoy está delante de nosotros: ¿Queremos bendición o maldición? ¿Luz o tinieblas? “Yo, la luz, he venido al mundo, para que todo el que cree en mí no permanezca en tinieblas” (Juan 12:46). 


“El que me rechaza y no recibe mis palabras, tiene quien lo juzgue; la palabra que he hablado, ésa lo juzgará en el día final. Porque yo no he hablado por mi propia cuenta, sino que el Padre mismo que me ha enviado me ha dado mandamiento sobre lo que he decir y lo que he de hablar. Y sé que su mandamiento es vida eterna; por eso, lo hablo tal como el Padre me lo ha dicho” (Juan 12:48-50). 


Así como Moisés les explicó, hoy también debemos entender que la decisión de escoger vida es algo muy cercano a nosotros, ya que involucra nuestro corazón y boca. “Si confiesas con tu boca a Yeshua por SEÑOR y crees en tu corazón que Dios le resucitó de entre los muertos, serás salvo; porque con el corazón se cree para justicia y con la boca se confiesa para salvación” (Romanos 10:9-10). Yeshua ES el camino, la verdad y la VIDA (Juan 14:12).


“Por tanto, todo el que me confiese delante de los hombres, Yo también le confesaré delante de mi Padre que está en los cielos. Pero cualquiera que me niegue delante de los hombres, Yo también lo negaré delante de mi Padre que está en los cielos” (Mateo 10:32-33).


“Pues ¿qué dará un hombre a cambio de su alma? Porque cualquiera que se avergüence de mí y mis palabras en esta generación adúltera y pecadora, el Hijo del Hombre también se avergonzará de él, cuando venga en la gloria de su Padre con los santos ángeles” (Marcos 8:37-38).


Al despedirse de Josué y del rebaño que tanto amaba, Moisés les aseguró que la fiel presencia del Eterno con ellos: “Él estará contigo, no te dejará ni te desamparará” (Deuteronomio 31:8). 

El SEÑOR no nos ha abandonado en el exilio. “He aquí, Yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo” (Mateo 28:20). 

 


..

  


 

Desde la declaración del estado de Israel en 1948, el retorno a la Tierra Prometida ha sido posible



      El retorno a la tierra de Israel

      Aliyá

       La palabra hebrea "aliyá" significa subir y se refiere al retorno de los hijos de Israel a la Tierra Prometida


      ¡El Eterno bendice a los creyentes de las naciones que aman las Escrituras y su plan de la restauración de Israel!

      Copyright © 2024 estudios raices - All Rights Reserved.

      Powered by

      This website uses cookies.

      We use cookies to analyze website traffic and optimize your website experience. By accepting our use of cookies, your data will be aggregated with all other user data.

      Accept