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Noaj (Noé)

 LA PORCIÓN DE LA TORÁ, GÉNESIS 6:9-11:32 Esta porción describe la violencia y la maldad que se agigantaron sobre la tierra. El SEÑOR sintió tristeza en su corazón, le pesó haber hecho al hombre en la tierra.  Pero un solo hombre llamado Noé halló gracia ante sus ojos, era justo y caminaba con El.  Noé obedeció sus instrucciones y construyó el arca para la salvación de él y su familia. Advirtió a los impíos acerca del juicio venidero, pero no le hicieron caso y el diluvio llegó y los borró de la faz de la tierra. 


Dios confirmó su pacto con Noé. Haciendo énfasis en la PACIENCIA de Dios, esta porción también nos enseña acerca de los hijos de Noé y su descendencia, el inicio de Babilonia, las 10 generaciones de Adam a Noé y las 10 de Noé a Abraham.


LA PORCIÓN DE LOS PROFETAS, ISAÍAS 66:1-24 El pacto de Dios con Noé asegura la llegada del reino del Mesias y la restauración de todas las cosas: “Si pudierais romper mi pacto con el día y mi pacto con la noche, de modo que el día y la noche vinieran a su tiempo, entonces también se podría romper mi pacto con mi siervo David, y él no tendría hijo para reinar sobre su trono…” (Jeremías 33:20-21).


LA PORCION DE LOS EVANGELIOS, LUCAS 17:20-32 Yeshua nos advierte que, previo a su retorno, los días serán una vez más como fueron en los tiempos de Noé. Los habitantes de la tierra aumentarán sus transgresiones, serán tiempos “sin ley” (anarquía) y habrá perversiones sexuales. “Acordaos de la mujer de Lot”: ella recibió la ira del SEÑOR porque rehusó cortar las ligaduras de impiedad que ataban su vida a la maldad.


“Y la tierra estaba sin orden y vacía” … (Genesis 1:2). Estas palabras que describen la realidad del universo no son compatibles con el carácter del Creador, ya que el Dios único y verdadero gobierna, es de orden y es plenitud…. de hecho, lo llena todo…. ¿Qué sucedió entonces? Quizás concuerdan con lo que revela el profeta Ezequiel. Posiblemente describen lo que sucedió cuando el Adversario de nuestras almas fue expulsado del monte de Dios (Ezequiel 28:13-19). 


Lo que sí, sabemos con seguridad es que la Torá existió antes de la creación del mundo (Proverbios 8:22-31). Así también el trono de la majestad del Altísimo es desde la eternidad, permanece en el Templo celestial. 


Sabemos también que Yeshua es el Verbo (la Palabra) de Dios. Es la Torá viviente: “Todas las cosas fueron hechos por medio de Él, y sin Él, nada de lo que ha sido hecho, fue hecho” (Juan 1:1-3). El plan de redención por su medio también existió antes de la fundación del mundo (I Pedro 1:20).


“La maldad, la corrupción y la violencia llenaron la tierra”. El ser humano dio riendas sueltas a su inclinación al mal. Y se corrompió la tierra ante el Eterno”. La palabra “corrupción” denota el terrible olor de la carne en descomposición, que es algo totalmente repugnante e insoportable. Para el SEÑOR, así hedía la tierra por la maldad de sus habitantes (Génesis 6:5-7, 11-13).


En esos días los habitantes de la tierra disponían de muchos años para vivir. Pero, en lugar de dedicar su tiempo a buscar lo bueno y a caminar con Dios, se entregaron al mal. Todo pensamiento de su corazón era malo. No cabe duda de que una persona que sólo piensa en maldades y que vive muchos años, causaría muchísima ruina y haría grandes estragos, provocando la descomposición de muchas generaciones.


Insistían en tener relaciones sexuales ilícitas y hacían todo tipo de abominaciones demoniacas. Su comportamiento era bestial y bárbaro, eran repugnantes, perversos, detestables e intolerables. La tierra se llenó de su maldad y violencia. Toda carne había corrompido su camino sobre la tierra. Algunos ángeles abandonaron su morada legítima, tuvieron relaciones con las mujeres y nacieron “nefilim” (caídos), gigantes en tamaño, pero también en maldad. 


Noé nació de la descendencia de Set. Su nombre significa consuelo, descanso, reposo. “Este nos dará descanso de nuestra labor y del trabajo de nuestras manos, por causa de la tierra que el Eterno ha maldecido” (Génesis 5:29)


“Más Noé halló gracia ante los ojos del Eterno” (Génesis 6:8). Noé era un hombre justo y perfecto en sus generaciones. Caminaba con Dios, sus sendas eran rectas (Génesis 6:9). Él fue advertido por el Eterno acerca de “cosas que aún no se veían”, es decir, el juicio del Diluvio. Creyó su Palabra y obedeció sus instrucciones. Con temor preparó el arca para la salvación de su familia. 


Noé fue justificado por su fe (Hebreos 11:7). Hizo caso a todo lo que el SEÑOR le había mandado porque era creyente de su Palabra (Génesis 6:22; 7:5). Era un hombre íntegro. Su boca hablaba sabiduría y su lengua rectitud (Salmo 37:30-31). La Palabra del Eterno estaba en su corazón y Noé era firme en sus pasos.


Pero, endurecidos por la maldad, no querían recibir la Palabra de Dios. Insistían sólo en lo malo. Se entregaron a profanar la creación, cometiendo actos perversos, vergonzosos y contra la naturaleza (Judas 7).


El SEÑOR estaba arrepentido por haber hecho al hombre y se afligió su corazón. Dijo que iba a borrar al hombre que había creado, que iba a poner fin a toda carne. Puso límite al tiempo que su Espíritu contendería con el hombre “él es carne. Serán, pues, sus días 120 años” (Génesis 6:3). 


El número 120 es importante en la economía del Altísimo. Tiene relación con su Palabra, con su gloria, su Espíritu, su autoridad y gobierno, con su reino. “El cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán … como en los días de Noé, así será la venida del Hijo del Hombre “(Mateo 24:35-39).


120 son los años que vivió Moisés, él que fue “sacado de las aguas” y él que abrió las aguas para que saliera su pueblo de Egipto hacia la Tierra Prometida. Lleno del Espíritu y con su gloria reflejándose de su rostro, Moises recibió y escribió la Tora, la Palabra de Dios. 


Algunos estudiosos opinan que los 120 años, además de referirse al tiempo asignado a Noé para la predicación a los desobedientes mientras que construía el arca, también se refiere al tiempo que el SEÑOR ha dispuesto para los gobiernos humanos. Es decir, que ha establecido 120 jubileos (120 X 50, que suma 6000 años), antes de establecer el reino de los cielos sobre la tierra. 


120 sacerdotes tocaron trompetas en la inauguración del primer Templo (II Crónicas 5:12). Se hacían oír a una sola voz y alabaron al SEÑOR… la gloria descendió y llenó el Templo. El rey Salomón alabó al SEÑOR porque cumplió su Palabra.


120 discípulos estuvieron presentes, contando los días para la llegada de Shavuot (Hechos 1:15). Unánimes, alababan al SEÑOR, y su gloria descendió sobre ellos. El Espíritu del SEÑOR los llenó, hablaron la Palabra de Dios en distintos idiomas. 


El número 120 representa la salvación de “todo Israel” (120 por 12,000 de cada tribu que fueron sellados, Apocalipsis Capitulo 7), que es establece la autoridad y el gobierno del reino de los cielos.


120 hombres formaron parte de la Gran Asamblea que determinó el canon hebreo, es decir, la lista de libros que consideraban inspiradas por Dios. (Hoy, el parlamento de Israel también elige 120 miembros.)


Noe fue advertido por el Eterno acerca de “cosas que aún no se veían”, es decir, el juicio del Diluvio. Creyó la Palabra del SEÑOR y obedeció sus instrucciones. Con temor preparó el arca para la salvación de su familia.  


Hizo caso a todo lo que el Eterno le había mandado porque era creyente de su palabra (Génesis 6:22; 7:5). Era un hombre íntegro. Su boca hablaba sabiduría y su lengua rectitud (Salmo 37:30-31). La palabra del Eterno estaba en su corazón y Noé era firme en sus pasos. 


Noé era pregonero de justicia. Su fe condenó al mundo, ya que lo dejó sin excusa ante su Creador (II Pedro 2:5). Valiente y esforzado, soportando burlas y rechazo, Noé no se detuvo, no vaciló en su trabajo. Aunque nadie le hacía caso ni prestaban atención a sus mensajes, él siguió adelante siendo luz, año tras año, en medio de las tinieblas de la maldad, dándoles a todos muchas oportunidades para el arrepentimiento y la corrección de sus malos caminos.


Cuando Noé cumplió 600 años, llegó el momento del juicio que había sido advertido. El arca estaba terminada. Dios mismo cerró la puerta del arca y le informó a Noé: “Dentro de 7 días haré llover sobre la tierra 40 días y 40 noches, y borraré de la faz de la tierra a todo ser viviente que he creado.” 


Y así sucedió. Las aguas aumentaron y crecieron mucho, hasta llegar a 15 codos más altos que los montes. Los desobedientes no pudieron entrar en el arca de Noé y, la inundación los borró de la faz de la tierra. 


Noé fue un artesano fiel que edificó para el bien del reino de los cielos. Quiso reparar al mundo. El concepto hebreo de tikun olam (reparar al mundo) es muy importante. En vez de mal gastar los recursos en asuntos vanos, con sabiduría e inteligencia debemos enfocarlos en reparar y corregir lo que está mal en nuestro entorno. 


El Eterno le ordenó a Noé construir un arca de madera calafateado con brea. La palabra para brea (kofer) denota expiación. Kaporet viene de la misma raíz, es el nombre en hebreo de la tapa de oro que cubría el arca del pago (el propiciatorio), sobre el cual se esparcía la sangre de los sacrificios para hacer expiación por los pecados del pueblo. La brea es una figura de la obra de expiación del Mesías: es lo único que nos puede perdonar y librarnos del juicio divino. 


El diluvio fue como un “borrón y cuenta nueva”. Literalmente el SEÑOR “se arrepiente” porque deshizo, revirtió lo que había hecho. El diluvio de las aguas vino sobre la tierra y hubo muerte, se rompieron todas las fuentes de agua del gran abismo y las compuertas del cielo fueron abiertas, pereció toda carne que se mueve sobre la tierra, murió todo aquello en cuya nariz había espíritu de vida. 


El SEÑOR hizo pasar Espíritu sobre la tierra y se aquietaron las aguas. Se cerraron las fuentes del abismo y de las ventanas de los cielos y cesó la lluvia, las aguas bajaron gradualmente de sobre la tierra. Estaba seca la superficie de la tierra. Dijo el SEÑOR: “Sal del arca tú, tu mujer, tus hijos, las mujeres de tus hijos, todo ser viviente del arca según su especie. Sed fecundos y multiplicaos” (Génesis 8:1-19).


Noé edificó un altar al SEÑOR y tomó de todo animal y toda ave limpios y ofreció holocaustos sobre el altar. El Eterno percibió un olor agradable y dijo para sí: “Nunca más volveré a maldecir la tierra por causa del hombre” (Génesis 8:18-22). 


Antes del diluvio el SEÑOR le había prometido a Noé: “Estableceré mi pacto contigo; y entrarás en el arca tú, tus hijos, tu mujer y las mujeres de tus hijos. Y de todo ser viviente… meterás dos de cada especie en el arca, para preservarles la vida contigo…” (Génesis 6:18-20).


Después del diluvio, el SEÑOR confirmó su pacto con Noé: “con vosotros y vuestra descendencia después de vosotros, y con todo ser viviente que está con vosotros, por todas las generaciones”. 

El pacto de Dios con Noé es con toda carne, todo ser viviente. Es la promesa divina de gracia y misericordia, de que Él no volverá a destruir su creación por medio de un diluvio, a pesar de que toda intención del corazón del hombre sigue siendo sólo hacer el mal (Génesis 9:9-17). Es un pacto eterno. Colocó su bello arco en las nubes como señal de pacto entre Él y todo ser viviente. 


La señal del pacto del SEÑOR con Noé resplandeció en el cielo y publicó la misericordia del SEÑOR para toda la humanidad. Por medio de la luz a través de la maravilla de un arcoíris de 7 colores, la señal anunció la misericordia del Eterno para toda la humanidad, el mensaje de la reconciliación de los cielos con la tierra (Génesis 9:13-15). Su pacto de paz y misericordia triunfa sobre el juicio (Santiago 2:13).


El número 7 implica un compromiso fiel, leal y seguro a un juramento dado. Éxodo 6:8: el SEÑOR alzó su mano, juró por sí mismo, declaró 7 veces, su Palabra es 7 veces pura (Salmo 12:6). El cumplimiento de los pactos depende de la fidelidad del SEÑOR a su Palabra. Él jamás incumple un juramento.


Después del diluvio el SEÑOR permitió al hombre comer carne, pero no con su vida (sin sangre) (Génesis 9:3-4). Impuso la pena de muerte para los asesinos: “El que derrame sangre de hombre, por el hombre su sangre será derramada” (Génesis 9:6).


Un día Noé bebió de su viñedo en exceso y quedó sin ropa en su tienda. Su hijo Cam lo vio ebrio y desnudo, pero en vez cubrir la desnudez de su padre, Cam la expuso. Se burló de su padre y comentó su desnudez con sus hermanos. Jafet y Sem volvieron sus rostros para no ver su desnudez y con mucho cuidado taparon a su padre. Cam deshonró a su padre (Deuteronomio 27:16).


Las nacionalidades bíblicas que surgieron de los hijos de Noé: de Sem, los hebreos, caldeos, asirios, persas y sirios. De Cam: los cananeos, egipcios, filisteos, hititas y amorreos. De Jafet: los griegos, tracios y escitas.


Después del diluvio, los que viajaron hacia el oriente hallaron una llanura en la tierra de Sinar y se quedaron allí a vivir (Génesis 11:2). Los ríos Tigris y Éufrates habían almacenado ricos depósitos de tierra que podían producir grano en abundancia.


La ciudad de Babilonia fue fundada por Nimrod, hijo de Cus, descendiente de Cam. Descrito como “cazador poderoso” (tirano, cruel opresor), su vida era contrario (en enemistad) al SEÑOR. Algunos estudiosos opinan que la maldición de Cam se realizó en la persona de Nimrod.


Los rebeldes fabricaron ladrillos para edificar una ciudad y una torre. Querían que la cúspide de la torre llegara hasta los cielos. Querían hacerse un nombre famoso para no ser dispersados sobre la faz de la tierra (Génesis 11:4). Querían tomar el lugar de Dios: “Subiré al cielo, por encima de las estrellas de Dios levantaré mi trono, y me sentaré en el monte de la asamblea, en el extremo norte. Subiré sobre las alturas de las nubes, me haré semejante al Altísimo” (Isaías 14:13-14). 


Hay un contraste muy marcado en Abraham, porque él no enfocó su vida en hacerse un nombre famoso. Más bien, él invocó al Nombre del SEÑOR (Génesis 12:8; Salmo 61:1-4; Salmo 145:18-19; Proverbios 18:10).


Hasta este momento, toda la tierra hablaba el mismo idioma. Como castigo por haber construido la torre de Babel, el SEÑOR descendió y confundió su lengua. Inmediatamente resultó ser un gran estorbo porque nadie entendió el lenguaje del otro. Y, según sus idiomas, así los dispersó el SEÑOR sobre la faz de toda la tierra. 


La palabra “Babel” significa “confusión”. Es muy cierto que la idolatría confunde. El sincretismo seduce y deja a la gente vencida por un estupor, como soñolientos, que no ven, ni oyen. Su torre quedó incluso, la gente esparcida y los idiomas confundidas. 


El SEÑOR atribuye grandes maldades a Babilonia. Tiene cuentas pendientes “amontonadas” que resolverá en los postreros días (Jeremías 51; Apocalipsis 18). Las Escrituras la describen como una gran ramera dominando las naciones, ebria de la sangre de los santos. De hecho, anotada en la factura que tendrá que pagar Babilonia está la culpa de toda la sangre que ha sido derramada en toda la tierra, desde la sangre de Abel. 


La lista de sus muchos negocios incluye el tráfico de personas. Babilonia vende almas humanas, es cruel y monstruosa no le importa a los vulnerables ni a los hambrientos. Es vieja, es decir, ha existido por muchísimo tiempo. De hecho, desde Nimrod, Babilonia ha existido como la cabeza de las potestades de las tinieblas, desafiando siempre al reino de los cielos. 


El tema de Babilonia es un hilo escarlata de profecía bíblica que veremos a través de todas las Escrituras, de Genesis hasta Apocalipsis. Su rey es el mismo Satanás. 


Aunque ha existido por tanto tiempo, en una sola será derrumbada su tremenda torre de la maldad… y como una piedra pesada se hundirá en el Éufrates para nunca más levantarse.

Como imperio mundial Babilonia existió por 70 años, de 626 a 539 AC. Su rey, Nabucodonosor, tomó cautivo a la casa de Judá. Destruyó el Templo, destruyó Jerusalem y sus murallas. 


La esencia de la inclinación humana hacia el mal se da a conocer en la idolatría. Es una tendencia innata y, juntamente con la rebelión y la dureza de un corazón rebelde, desafían al Creador. Son tendencias muy conocidas por el Adversario de nuestras almas. Las usa y las manipula para cumplir su agenda de destrucción y muerte. La Torá condena la idolatría, y nos advierte muchas veces a no caer en ella.


Babilonia representa la cabeza de las huestes espirituales de la maldad que dominan y operan con fuerza en las naciones que aborrecen al Dios de Israel. Quieren robar y destruir todo lo que posee, todo lo que es suyo, en especial su trono en monte santo, Jerusalem, y su pueblo. 


Babilonia es la madre, o la progenitora, el origen o la cuna de la idolatría. Se disfraza de cualquier dios o cualquier ídolo de todas las religiones inventadas por el hombre. Es la médula o la esencia de potestad de las tinieblas, la cabeza del régimen bestial que, con un apetito insaciable, sádico y fiero, amontona iniquidad alimentándose de la violencia, la idolatría y la avaricia. 


Es la ciudad del hombre (la Torre de Babel), y representa la inmoralidad, la avaricia, la maldad del hombre en su afán de adquirir riquezas. Destruye al prójimo, confunde, dispersa, engaña, desvía, utiliza a gente, despoja. Es malvada y egoísta, sus profetas son falsos (llevan el camino de Balaam). Babilonia es “el martillo de toda la tierra”, será juzgada y removida en el juicio final (Jeremías 50:23).


El SEÑOR continuó su relación con la humanidad por medio de un solo hombre que llamaría fuera de Babilonia: Abram. Él debía salir de Babilonia ya que, para poder caminar con el Eterno, era y es aún hoy necesario abandonar la idolatría y, por la fe, obedecer la voz del único Dios vivo y verdadero (I Tesalonicenses 1:9-10). 


De este momento en adelante, el SEÑOR trabajaría por medio de un remanente. Es FIEL a la palabra de sus pactos. El plan divino era apartar a un pueblo como su tesoro especial y, por su medio, establecer el linaje del Mesías. Así iba a cumplir su promesa que había jurado aquel día en el huerto de Edén, cuando prometió la Simiente redentora, misericordia y bendición para toda la humanidad.


Génesis es un libro de genealogías (generaciones, hijos, toladot Génesis 5:1). Nos enseña acerca de nuestra identidad. Hay 10 generaciones de Adán a Noé (un periodo de 1656 años), y 10 más de Noé a Abraham (un periodo de 400 años). 


En las Escrituras el número 10 representa un período de prueba, en este caso se trata de una prueba de las generaciones. Noé, PERFECTO EN SUS GENERACIONES, estratégicamente ubicado en el centro del conteo divino, alumbra como brillante faro, advirtiendo a todos los navegantes del peligro (Génesis 6:8-9).


De Adán a Noé, las siguientes 10 generaciones se degradaron por la violencia y perversión. La humanidad fue borrada de la faz de la tierra por el Creador. Solamente Noé y su familia se salvaron por el arca que él preparó en obediencia a la voz del SEÑOR.


Las 10 generaciones de Noé a Abraham también fallaron la prueba. La humanidad dispuso ser su propio dios y se unieron con a ese fin. Levantando sus puños en desafío y rechazo a su Creador, empezaron a construir una torre gigante que, según ellos, llegaría hasta los cielos. La humanidad fue esparcida sobre toda la tierra, con idiomas distintas.


En la prueba de las generaciones una vez más sobre sale el atributo divino de la PACIENCIA. 


Las generaciones de Adán a Noé:


1. Adán (vivió 930 años)

2. Set (vivió 912 años)

3. Enós (vivió 905 años)

4. Cainán (vivió 910 años)

5. Mahalaleel (vivió 895 años)

6. Jared (vivió 962 años)


7. Enoc (vivió 365 años): Enoc profetizó en la séptima generación de Adán. Judas habla del mensaje del profeta Enoc en el contexto de los falsos profetas. Nos dice que él profetizó acerca de la segunda venida del Mesías y del juicio venidero: “He aquí, el SEÑOR vino con muchos millares de sus santos, para ejecutar juicio sobre todos y para condenar a todos los impíos de todas sus obras de impiedad, que han hecho impíamente y de todas las

cosas ofensivas que pecadores impíos dijeron contra Él. Estos son murmuradores,

quejumbrosos, que andan tras sus propias pasiones; hablan con arrogancia, adulando a la gente

para obtener beneficio. Por la fe Enoc fue trasladado para que no viera muerte; y no fue hallado porque Dios lo trasladó; porque antes de ser trasladado recibió testimonio de haber agradado a Dios (Judas 14-15, Hebreos 11:5).


8. Matusalén (vivió 969 años)

9. Lamec (vivió 777 años)

10. Noé (vivió 950 años)


Estas son las generaciones de Noé a Abraham:


1. Noé

2. Sem

3. Arfaxad

4. Sala 

5. Heber 

6. Peleg

7. Reu 

8. Nacor

9. Taré

10. Abram



LA PORCIÓN DE LOS PROFETAS, ISAÍAS 54:1-55:5


“No temas, pues no serás avergonzada; ni te sientas humillada, pues no serás agraviada; sino que te olvidarás de la vergüenza de tu juventud, y del oprobio de tu viudez no te acordarás más. Porque tu esposo es tu Hacedor, el SEÑOR de los ejércitos es su nombre; y tu Redentor es el Santo de Israel, que se llama Dios de toda la tierra.” 


El profeta Isaías se refiere al tiempo del exilio de los hijos de Israel entre las naciones como un período de humillación para Jerusalem. Lo compara a la misma situación de una mujer abandonada y afligida de espíritu que fue repudiada o que ha perdido a su marido. Pero, al mismo tiempo, Isaias tiene buenas nuevas para resolver toda esa soledad y humillación. De hecho, serán olvidadas, reemplazadas por el gran júbilo y la alegría de la restauración. Jerusalem será restaurada y sus hijos (son muchísimos, incontables) serán reunidos y enseñados por el SEÑOR, grande será su bienestar (Isaías 54:13).


“Porque esto es para mí como en los días de Noé, cuando juré en las aguas de Noé que nunca más inundarían la tierra; así he jurado que no me enojaré contra ti, ni te reprenderé. Porque los montes serán quitados y las colinas temblarán, pero mi misericordia no se apartará de ti, y el pacto de mi paz no será quebrantado, dice el SEÑOR que tiene compasión de ti.”


El pacto de Dios con Noé está ligado a la restauración de todo Israel: “Si pudierais romper mi pacto con el día y mi pacto con la noche, de modo que el día y la noche vinieran a su tiempo, entonces también se podría romper mi pacto con mi siervo David, y él no tendría hijo para reinar sobre su trono…” (Jeremías 33:20-21). El reino del Mesias y la restauración es tan seguro como lo son el día y la noche. La tierra desolada será restaurará como el Edén (Ezequiel 36:35).


El SEÑOR nos revela su plan para la restauración de Israel aun antes de la creación, en Génesis 1:2: “desordenada y vacía, tinieblas cubrían la faz del abismo”. Por medio del profeta Jeremías (4:23-31), en los mismos términos se refiere a la tierra de Israel durante su tiempo de exilio: “he aquí que estaba sin orden y vacía, y los cielos no tenían luz”. 


Los nefilim o los gigantes figuran a los enemigos de Dios. Representan a los enemigos más fuertes de Israel, los que cargan los armas más temibles. Presentan una amenaza constante… durante 40 días el filisteo vino mañana y tarde, presentándose en desafío…  y enorme, realmente imposible para Israel. Son bestiales, monstruosos, barbaros, salvajes… salidos del abismo e incitados por los demonios y capaces de cualquier cosa.


Goliat es el más famoso de los gigantes (I Samuel 17). Fue derrocado por el joven David… y, dando a conocer la plena victoria del Dios de Israel sobre ese gigante blasfemo y sobre todos los demás “gigantes”, su cabeza la llevó a Jerusalem (1 Samuel 17:54).


Los gigantes son como “bestias”. Pertenecen al espíritu del anti-Mesias. Son enormes en maldad y en poder satánico, persiguen a los redimidos. Son blasfemos, desafían sin cesar al Dios de Israel.


La presencia de los gigantes en la Tierra Prometida asustó a la generación del éxodo (Deuteronomio 9:1-2).


LA PORCION DE LOS EVANGELIOS, LUCAS 17:20-32


La misión de Noé fue advertir a la humanidad acerca del juicio divino estaba por venir. Por medio de su Espíritu que moraba en Noé, Yeshua mismo estaba predicando a los desobedientes durante la construcción del arca (I Pedro 3:20). En esos días la paciencia del SEÑOR esperaba, porque en nada le agrada la muerte del impío. Mas bien, anhela su arrepentimiento, y que corrijan sus malos caminos.


Existen varios paralelos entre Noé y el Mesías: advierten del juicio divino, rescatan a los justos, son pregoneros de justicia, traen consuelo, por su medio hay un nuevo inicio (un nuevo nacer) y dan a conocer la restauración de Israel.


Yeshua advirtió acerca de la ira divina que llegaría como inundación (Lucas 21:20-24; 19:41-44; Daniel 9:27). Así como el Diluvio en los tiempos de Noe, y los torrentes de fuego y azufre sobre Sodoma y Gómora en los tiempos de Lot, la destrucción romana del segundo Templo en 70 DC llegó como la “inundación” sobre los habitantes de Jerusalem. Los arrastró sobre la faz de toda la tierra, hasta sus cuatro confines.


Los gobernantes de Jerusalem habían dicho: “Hemos hecho un pacto con la muerte, hemos hecho un convenio con el Seol; cuando pase la inundación abrumadora, no nos alcanzará, porque hemos hecho de la mentira nuestro refugio y en el engaño hemos escondido” (Isaías 28:15). Sin embargo, el hecho de refugiarse en sus muchas mentiras no los salvó. El juicio divino si llegó y la inundación abrumadora si les sorprendió. 


Al mismo tiempo, Yeshua también habló acerca de la llegada del reino de los cielos y explicó que antes de su venida, los días serian cómo los de Noé. Serian también semejantes a los tiempos de Lot, y advierte: “Acordaos de la mujer de Lot” (Lucas 17:32). Ella no quiso soltar la iniquidad ya que amaba más las tinieblas que la luz.


Se dice que, contestando la petición intercesora de Noé, el SEÑOR encadenó a los ángeles caídos en las prisiones del abismo hasta el día del gran juicio… pero que serán sueltos en los últimos momentos antes del retorno del Mesías. Inducirán a la humanidad a la violencia y a todo lo terrible, bestial.


Tanto los días de Noé como el motivo del juicio divino sobre Sodoma y Gomorra se refieren a actos abominables de inmoralidad. En el momento que estamos viviendo hoy, utilizando los recursos de la inteligencia artificial, el ser humano será capaz de crear, publicar y ofrecer toda clase de abominaciones. Pronto llegará el momento en que, invocando a los mismo demonios de los tiempos de Noé, la gente se jactará de toda clase de intimidad sexual con los ángeles caídos en su mundo cibernético. “Y el resto de la humanidad, los que no fueron muertos por estas plagas, no se arrepintieron de las obras de sus manos ni dejaron de adorar a los demonios…” (Apocalipsis 9:20).


Así como en los tiempos de Noé, no harán caso a las advertencias del juicio divino y por ello sufrirán destrucción. Sus corazones endurecidos, no querrán recibir la palabra de Dios. Se entregarán a la maldad, a las abominaciones y a las relaciones prohibidas. Azotados con ceguera y atados a la impiedad, no la soltarán ni encontrarán la puerta de su salvación. 


Así como David dio muerte al gigante Goliat, Yeshua pondrá fin a la Bestia. Lo hará con su Palabra y con el resplandor de su venida.


 


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Desde la declaración del estado de Israel en 1948, el retorno a la Tierra Prometida ha sido posible



      El retorno a la tierra de Israel

      Aliyá

       La palabra hebrea "aliyá" significa subir y se refiere al retorno de los hijos de Israel a la Tierra Prometida


      ¡El Eterno bendice a los creyentes de las naciones que aman las Escrituras y su plan de la restauración de Israel!

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