Shabat Zajor
Shabat Zajor (recordar) siempre precede la fiesta de Purim. Es un Shabat especial en el cual se hace memoria de la victoria de los hijos de Israel sobre Amalec, el terrible adversario (descendiente de Esaú) que atacó a los hijos de Israel cuando acaban de salir de Egipto.
Deuteronomio 25:17-19: “Acuérdate de lo que te hizo Amalec en el camino cuando saliste de Egipto, cómo vino a tu encuentro en el camino e hirió entre los tuyos por la espalda a todos los agotados en tu retaguardia cuando estabas fatigado y cansado y él no temió a Dios. Por lo tanto, sucederá que cuando el SEÑOR tu Dios te haya dado descanso de todos tus enemigos alrededor, en la tierra que el SEÑOR tu Dios te da en heredad para poseerla, borrarás de debajo el cielo la memoria de Amalec; no lo olvides.”
Amalec se lanzó contra los hijos de Israel que estaban en la retaguardia, puso su mano contra el trono del SEÑOR (Éxodo 17:16). Cobardemente agredió a los más débiles y vulnerables. Instruidos por Moises y dirigidos por Josué, los hijos de Israel que recién habían salido de la esclavitud hicieron su importante estreno como soldados valientes. ¡Pelearon con todas sus fuerzas! Con Aarón y Hur sosteniendo sus brazos, Moisés alzó sus manos con la vara hacía el trono del Altísimo e intercedió a favor de los hijos de Israel… “firmes (emuna, fe) hasta que se puso el sol”.
La batalla con Amalec terminó en triunfo, porque el SEÑOR de los ejércitos respondió a la intercesión de Moisés e intervino… fortaleció a los hijos de Israel para que pudieran vencer al adversario y sus ejércitos. Luego el SEÑOR les hizo saber que “de generación en generación” habría guerra contra Amalec. Por eso es de suma importancia acordarse de él, porque aún queda pendiente algo muy importante… borrar para siempre su memoria.
Allí celebraron la victoria y Moises edifico un altar. Le puso por nombre “el SEÑOR es mi Estandarte” (bandera, nes) (Éxodo 17:15).
Amalec representa a la maligna potestad de las tinieblas que continuamente maquina expulsiones y destrucción para el pueblo judío: pogromos, protestas, ataques y planes astutos en contra del pueblo de la Torá. Conspira con otros enemigos de este mismo sentir y pactan para la exterminación de los judíos. Quieren borrar el nombre de Israel de la faz de la tierra, echarla al mar (Salmo 83:1-8).
Durante la época del imperio de Persia, Amán (descendiente de Amalec) atacó al pueblo judío. Echando suertes, dispuso la fecha para exterminar a los judíos en todo el imperio porque “sus leyes eran diferentes”. Pero él y su plan malvado fueron vencidos por medio de la intervención divina que llego por el ayuno y la intercesión de la reina Ester (su nombre hebreo Hadasa) y de todo el pueblo judío.
La suerte que el maligno había dispuesto para los hijos de Israel literalmente fue revertida sobre su propia cabeza, ya que fue colgado sobre la misma horca que había construido para dar muerte al judío Mardoqueo. Después de que Amán y sus hijos habían sido ahorcados, Ester profetizo: “que mañana también se conceda a los judíos que están en Susa hacer conforme al edicto de hoy…” (Ester 9:13).
El SEÑOR ha jurado que hará guerra contra Amalec de generación en generación (Éxodo 17:16). El decreto de Ester y Mardoqueo sigue vigente.
El autor W. Gunther Plaut en su libro “La Torá, un comentario moderno” dice que Amalec se manifiesta en distintos trajes durante la historia. El anillo que el principie de Persia dio a Amán pertenecía a Amalec. Suyo también era la corona real que usurpó Antíoco IV Epífanes, el uniforme de general con que se vistió el romano Tito, la toga del emperador Adriano, la túnica sacerdotal de Torquemada, las botas de los Cosacos (Chmielnitzki), las camisas cafés y las esvásticas de Hitler. “Todos ellos odiaban a los judíos e intentaron en vano a destruirlos”. (Documento Guerra Cósmica, La destrucción final de Amalec por el Rey Mesías, por el Rabino Yosef Koelner)
De Amalec son también las bandanas verdes de Hamas que, amarradas en las frentes de los rebeldes alaban al dios del islam y lanzan sus ataques salvajes en contra de los judíos. Suyo es también el keffiyeh palestino, el pañuelo blanco y negro doblado en triangulo que representa la usurpación de la Tierra de Israel, “del rio al mar”. De Amalec es la bandera de Hezbola y suyos son todas las insignias y emblemas de todos los adversarios.
El antisemitismo no ha dejado de desafiar el trono y el reino del Dios de Israel.
Hoy ese espíritu inmundo está activo, engañando a las naciones. Ellas hacen planes, conspiran y rugen, “han dicho: venid, destruyámoslos como nación para que ya no haya memoria del nombre de Israel” (Salmo 83:3-7). Pero el mismo fin que han determinado para Israel caera sobre sus propias cabezas.
Va aumentando un fuerte rechazo de Israel, del pueblo judío y de la Torá. Ese es el espíritu del anti-Mesías y hoy lo vemos tomando a las naciones,
va tornándose en una bestia devoradora. No cabe duda de Amalec merece y está pendiente del juicio divino decretado, jurado por el Dios de Israel en las Escrituras. El primer rey de Israel (Saúl) había recibido órdenes a destruir completamente a Amalec, pero no lo hizo. El último rey, el Rey de reyes, lo hará sin falta.. y con su misma Palabra que el advesario tanto aborrece.
Yeshua es la Estrella de Jacob que levantará el cetro del Rey de reyes. Lo tiene en su mano y borrará el nombre de Amalec (Números 24). El Rey de Israel, el Justo del linaje de David, pondrá fin al terrible adversario y también a todas las huestes de las tinieblas que gobernaba. Y a los ejércitos de las naciones que habían sido engañados por sus poderes, los herirá con una terrible plaga y gran pánico (Zacarías 14:12-13). El viejo Amalec… con la serpiente antigua que lo empoderaba… serán lanzados al lago de fuego.
El Vástago justo del linaje de David es el estandarte (nes), es la señal puesta para los pueblos (Isaias 11:10). Suyo es la victoria sobre Amalec. “Alzará un estandarte (nes) ante las naciones, reunirá a los desterrados de Israel, y juntará a los dispersos de Juda de los cuatro confines de la tierra… y los que hostigan a Juda serán exterminados…” (Isaias 11:10-12; 18:3; 49:22). Las naciones subirán a Jerusalem para aprender la Torá y a celebrar las fiestas bíblicas.
LA PORCIÓN DE LA TORÁ, ÉXODO 27:20-30:10
Durante el primer periodo de 40 días que estuvo Moisés en la nube de la gloria, viendo el modelo celestial del Tabernáculo, recibió las instrucciones para la construcción. La porción de esta semana incluye las instrucciones que recibió acerca de la luz continua, la elaboración de las vestiduras sacerdotales, los detalles para realizar la ceremonia de la consagración de Aarón y de sus hijos y de las ofrendas continuas y del altar de incienso.
LA PORCIÓN DE LOS PROFETAS, EZEQUIEL 43:10-27
El Hijo del Hombre vendrá y llenará el tercer Templo de la gloria de su presencia. Habitará para siempre entre los hijos de Israel. Declara: "Este es el lugar de mi trono, el lugar de las plantas de mis pies, donde habitaré entre los hijos de Israel para siempre” (Ezequiel 43:7). Ezequiel registra las instrucciones para la ceremonia de la consagración del Templo mesiánico y afirma que su ley es la SANTIDAD.
LA PORCIÓN DE LOS EVANGELIOS, MATEO 5:13-20
El Eterno hace su morada en el corazón de los que le aman y obedecen a sus mandamientos. Sus discípulos son cómo la sal y la luz en el mundo. Su ley de santidad sigue vigente, porque sin la santidad, nadie lo verá (Hebreos 12:14).
Una vez más el Eterno declara su hermoso propósito para el Tabernáculo: “Y habitaré entre (EN) los hijos de Israel y seré su Dios. Y conocerán que yo soy el SEÑOR su Dios, que los saqué de la tierra de Egipto para morar en medio de ellos. Yo soy el SEÑOR su Dios” (Éxodo 29:4).
“Y mandarás a los hijos de Israel que te traigan aceite puro de olivas machacadas para el alumbrado, para que la lámpara (menorá) ascienda continuamente. En la tienda de reunión, fuera del velo que está delante del Eterno desde la tarde hasta la mañana; será estatuto perpetuo para todas las generaciones de los hijos de Israel” (Éxodo 27:20-21).
La luz de la menorá debía iluminar siempre: “Aarón y sus hijos la mantendrán en orden delante del SEÑOR desde la tarde hasta la mañana, estatuto perpetuo para todas las generaciones de los hijos de Israel” (Éxodo 27:21). Debía arder (ascender, subir) continuamente.
Se conoce la luz continua como ner tamid y es representada en las sinagogas por medio de una lámpara que alumbra el arca en el cual se guarda el rollo de la Torá.
La luz constante del Tabernáculo es una figura del Mesías, porque Él es la menorá que ilumina siempre. Es el Siervo que fue enviado, la Torá viviente. Es la luz que hace huir las tinieblas del mundo (Isaías 11:1, 49:5-6, Juan 1:1-5). Su rostro es como el sol cuando brilla con toda su fuerza (Apocalipsis 1:16).
La luz continua también es una figura de Israel. La misión de la asamblea de los redimidos es ser la luz del mundo. El encargo que el SEÑOR le encomendó a Israel en el momento de darle la Torá fue la de ser luz a las otras naciones (Deuteronomio 4:6-8; Isaías 42:6, Zacarías 4:1-4).
El aceite que se usaba para el combustible de la menorá era de olivos que habían sido prensados cuidadosamente a mano en un mortero. El aceite producido por ese proceso laborioso irradiaba una luz constante y brillante que “subía”. La congregación de Israel es comparada con un olivo (Jeremías 11:16).
Utilizando un ejemplo de los trabajos de la agricultura, el apóstol Pablo nos explica acerca de la inclusión de los creyentes de las naciones en Israel. Nos ilustra que su inclusión fue posible por medio la mano del Eterno que realizó un injerto extraordinario, algo fuera de lo común: tomó ramas de un árbol de olivo silvestre (uno que carecía de los cuidados de un agricultor, es decir un pueblo sin Torá) y las implantó en un árbol de olivo bueno (cultivado, cuidado por un agricultor, es decir un pueblo con Torá, Romanos 11:17-24). Claro que el injerto divino fue todo un éxito.
Además de proveernos luz, el aceite de olivo es medicina y alimento. Representa la bondad del Mesías que es derramada sobre la humanidad para su sanación.
En un huerto llamado “Getsemani” (gat shemanim, prensa de óleos), nuestro fiel y misericordioso Sumo Sacerdote contempló la gran obra que iba a realizar… la copa amarga y terrible que muy pronto le tocaría beber.
Se ponía el fruto del árbol de olivo en la prensa de óleos, debajo de una piedra pesada para exprimir el aceite. El proceso es una figura del sufrimiento del Mesías, de su obra de expiación sobre el madero. El Siervo padeció porque fue prensado debajo del terrible peso del pecado de toda la humanidad: “Más el SEÑOR cargó en Él el pecado de todos nosotros, más Él herido fue por nuestras rebeliones, molido por nuestros pecados” (Isaías 53:4-5; Mateo 26:36-46). La carga que llevaba pesaba muchísimo y por eso sudó sangre.
El aceite de la menorá simboliza al Espíritu del Mesías que es la fuente de la luz que irradia de nuestras vidas. Representa la unción de la santidad y también las buenas obras realizadas por el amor hacia el prójimo (Gálatas 5:22-23). La obediencia a la Palabra del Eterno es esencial para que podamos ser luz en el mundo.
“Y harás vestiduras sagradas para tu hermano Aarón, para gloria y para hermosura.” El SEÑOR describe su propio vestimento en las mismas palabras (Job 40:1). Él se viste de gloria y hermosura.
Gloria describe su reputación por sus obras excelentes. Pesan mucho porque tienen gran valor. La hermosura se refiere a su esplendor. “Tributad al SEÑOR la gloria debida a su Nombre… adorad al SEÑOR en la belleza de su santidad” (I Crónicas 16:29). “Una cosa he pedido al SEÑOR, y ésa buscaré: que habite yo en la casa del SEÑOR todos los días de mi vida, para contemplar la hermosura del SEÑOR, y para inquirir en su Templo” (Salmo 27:4). “Gloria y majestad están delante de Él; poder y hermosura en su santuario” (Salmo 96:6).
El profeta Isaías vio al Rey en su hermosura (Isaías 33:17). El Rey de la gloria entrará por las puertas de Jerusalem (Salmo 24:7).
Había que convocar a todos los hábiles artífices, a quienes el Eterno había dotado del espíritu de sabiduría para elaborar las vestiduras santas (Éxodo 28:2-3). Moisés recibió las instrucciones divinas acerca de los colores de los hilos que debían usar, entre los cuales resaltan estos tres: azul, purpura y carmesí.
El color dorado (oro) representa la deidad; y el lino blanco, la santidad. Los hilos entretejen los dos oficios del Ungido como el Rey de reyes, el Hijo de Dios, y el Sumo Sacerdote, el Hijo del Hombre (Hebreos 10:20). Como Sumo Sacerdote, el Mesías recibe toda la gloria por su gran obra de expiación. Como Rey, resplandece en su hermosura. Todo está sujeto a sus pies y el esplendor de su rostro que es como sol cuando brilla con toda su fuerza. Reina sin rival alguno.
El sumo sacerdote vestía 8 prendas: una túnica de lino blanco que cubría todo su cuerpo; un manto de lana azul y el borde tenía campanitas de oro y granadas; un delantal que se ponía sobre el manto tejido de blanco, lana roja, azul y morada; un pectoral sobre el delantal con las piedras preciosas con los nombres de las tribus del SEÑOR; un cinturón largo hecho de los 4 colores; un turbante de lino blanco; una placa sobre el turbante que decía “SANTO PARA EL SEÑOR”; pantalones de lino blanco. Cuando ministraba en Yom Kipur, se vestía con su túnica, turbante, cinturón y pantalones.
El sacerdote llevaba 4 prendas: una túnica, un turbante, un cinturón y pantalones.
“Los entendidos de corazón” que el SEÑOR había dotado con su Espíritu de sabiduría debían hacer las vestiduras.
El cuidado de grabar los nombres de los hijos de Israel en las piedras simboliza la intercesión y nos muestra el amor divino (Éxodo 28:29-30). “Aarón llevará los nombres de los hijos de Israel en el pectoral del juicio sobre su corazón cuando entre en el lugar santo, continuamente por memorial delante del Eterno.” El SEÑOR ha grabado nuestros nombres en su corazón para mostrarnos misericordia. Su intercesión a nuestro favor es constante y motivada por su amor, no nos olvida.
Somos piedras escogidas y preciosas en Él, piedras vivas y edificadas como casa espiritual para un sacerdocio santo, para ofrecerle sacrificios espirituales aceptables por medio de Yeshua, el Mesías (I Pedro 2:4-5). Nos carga sobre sus hombros y nos coloca amorosamente sobre su corazón. Nos ama y Él mismo se encargará de acercarnos a Él. “Porque de tal manera amó Dios al mundo, que dio a su Hijo unigénito, para que todo aquel que cree en Él, no se pierda, más tenga vida eterna” (Juan 3:16).
Hay distintas interpretaciones con respecto a las piedras, los colores y su simbolismo, por ejemplo:
Leví: Bareket (tipo de ónix con rayas negras, blancas y rojas distribuidas por igual), una joya multicolor y llena de luz, porque Leví iluminó al mundo con la luz de la enseñanza de la Torá
Simeón: Pitdá (esmeralda), color verde, porque su rostro se tornó de ese color por la vergüenza cuando Zimri se rebeló en contra de Moisés y los miembros de su tribu fueron seducidos por moabitas
Rubén: Odem (cornalina o rubí), color rojo, porque el rostro de Rubén se había enrojecido de vergüenza cuando admitió su pecado con Bilhá
Zabulón: Iahalom (diamante), color blanco, signo de prosperidad
Isacar: Safir (zafiro), color celeste, signo de humildad y estudio de la Torá
Judá: Nofej (carbono), color celeste, porque fue humillado cuando entendió lo que había sucedido con Tamar
Gad: Ajláma (amatista), color violeta, señal de valentía y destreza en batalla
Neftalí: Shevó (agata), color rojizo, signo de firmeza
Dan: Leshem (Jacinto, Opalo), puede ser rojo, amarillo o transparente, es señal de una persona que da la vuelta. Cuando hicieron el becerro de oro, revertió su verdadero objetivo de servir a Hashem.
Benjamín: Iashfé (Jaspe), una joya multicolor, signo de pensamientos conflictivos
José: Shoham (Ónice), color negro, señal de una persona que recibe gracia
Aser: Tarshish (Berilo, Crisólito), una joya de color dorado, como el aceite de oliva que abundaba en el territorio de Aser
“Pondrás en el pectoral de juicio el Urim y el Tumim” (Éxodo 28:30). El pectoral era cuadrado, hecho de dos piezas iguales. La parte superior del pectoral tenía una abertura y formaba una pequeña bolsa conocida en hebreo como el joshen, donde se guardaba el Urim y el Tumim.
Se relaciona la palabra Urim con “luz” (or) y Tumimcon “completo” (tam), la palabra del Eterno es luz y su juicio es final (inalterable), es la verdadera instrucción. Se usaban en situaciones especiales cuando se necesitaba la confirmación de la voluntad del SEÑOR con respecto a una decisión que afectaba a la comunidad (Números 27:5).
Posiblemente se empleaba utilizando el mismo concepto expresado en Proverbios 16:33. El sacerdote sacaba una de las dos piedras del joshen y, según la piedra que sacaba, entendían la respuesta del Eterno. “La suerte se echa en el regazo, más del SEÑOR viene toda decisión.”
Debían poner granadas, azul, púrpura y escarlata alrededor de todo el borde del efod, y entre ellas, también alrededor, campanillas de oro (Éxodo 28:33-35). Se observa que la granada representa la Torá, porque la fruta contiene 613 semillas y esa es también la suma de los mandamientos de la Torá. La granada es uno de los siete frutos de la Tierra Prometida mencionados en Deuteronomio 8:8.
También se dice que la granada representa el pacto del Eterno con Abraham por la cantidad tan numerosa de semillas que contiene, ya que simboliza la promesa que Abraham es padre de muchas naciones y que todas las familias de la tierra son bendecidas (reciben vida eterna) en su Simiente.
La placa que decía SANTO AL ETERNO “estará sobre la frente de Aarón, y Aarón quitará la iniquidad de las cosas sagradas, y la lámina estará siempre sobre su frente, para que sean aceptadas delante del Eterno.” “Santo es Israel para el Eterno” (Jeremías 2:3).
“Para los hijos de Aarón harás túnicas, también les harás cinturones y les harás mitras, para gloria y hermosura. Les harás calzoncillos de lino para cubrir su desnudez” (Éxodo 28:40-43). La tela de la ropa sacerdotal evitaba el sudor. El sudor está relacionado con el trabajo, con las obras.
El SEÑOR también instruye a Moisés acerca de la ceremonia de consagración para la inauguración del servicio de los sacerdotes en el Tabernáculo (Éxodo 29). Levítico 8-10 registra la realización de esa ceremonia. Duraba siete días, e incluía sacrificios, ofrendas de cereales, lavamientos y unciones. Los sacerdotes eran vestidos, ungidos y consagrados para su oficio único, solemne y sagrado.
Entre las instrucciones esta la aplicación de la sangre del sacrificio al lóbulo de la oreja derecha de Aarón y sobre la oreja derecha de sus hijos, y sobre el pulgar de su mano derecha y también sobre el pulgar de su pie derecho (Éxodo 29:20). Esto simboliza la responsabilidad del sacerdote: escuchar atentamente y obedecer la Palabra del Eterno, emplear sus manos como instrumentos de justicia y mantener su caminar sin desviarse de la senda recta, ya que es un mensajero y siervo de Dios Altísimo (Romanos 6:12-13).
Moisés recibió las instrucciones para la ofrenda continua (korban tamid). Debían ofrecer dos corderos cada día, uno por la mañana y otro al atardecer, juntamente con una ofrenda de cereal (Éxodo 29:38-39, 42). La ofrenda continua fue ordenada en el monte Sinaí para “olor grato” al Eterno (Números 28:6). La ofrenda continua habla de la obra de Yeshua, Él que nos amó y se dio a sí mismo por nosotros, ofrenda y sacrificio a Dios, fragante aroma (Efesios 5:2). Su amor es fragrante aroma.
También están las instrucciones acerca de la construcción del altar de incienso (Éxodo 30:1-10), de madera de acacia y revestido de oro puro. Se debía colocar delante del velo, y Aarón debía quemar incienso aromático sobre él cada mañana y cada tarde.
Las Escrituras nos revelan que las oraciones de los redimidos son como incienso y las relacionan con el altar del incienso. “Sea puesta mi oración delante de ti como incienso, el alzar de mis manos como la ofrenda de la tarde.” Las oraciones de los santos son incienso delante del trono del Eterno en el Tabernáculo celestial (Salmo 141:2; Apocalipsis 5:8; 8:3).
El incienso se quemaba al mismo tiempo de la ofrenda continua. Las oraciones de los santos también suben al Eterno como incienso. Daniel oraba en el momento de la ofrenda continua (Daniel 9:20-21), también Esdras (Esdras 9:1-6; 10:1). Dice "Caí de rodillas y extendí mis manos al Eterno mi Dios”. Confesó el pecado el pueblo. Mientras oraba y hacía confesión, una gran asamblea de Israel (hombres, mujeres y niños) se unieron a la oración.
Zacarías fue escogido para entrar en el Templo y quemar incienso (Lucas 1:8-10). En ese momento, toda la multitud del pueblo estaba afuera orando, porque era la hora de la ofrenda del incienso. Fue en ese momento que el ángel le habló acerca del nacimiento de su hijo, Juan. Él tendría el privilegio de preparar al pueblo para la primera venida del Mesías.
También tenemos otro ejemplo de un hombre llamado Cornelio. Él no era judío, pero conocía y amaba al Dios de Israel. Oraba continuamente y a la hora novena del día (la hora de la ofrenda de la tarde) tuvo una visión. El ángel le dijo: “Tus oraciones y obras de caridad han ascendido como memorial delante de Dios” (Hechos 10:1-4,30).
Nuestras oraciones son olor grato al Eterno, suben a Él como incienso precioso. Él está muy atento a nuestras oraciones. Pablo nos exhorta a interceder los unos por los otros. “Con toda oración y súplica orad en todo tiempo en el Espíritu, y así velad con toda perseverancia y súplica por todos los santos” (II Timoteo 2:1; Efesios 6:18). Somos linaje escogido, real sacerdocio, nación santa, pueblo adquirido por Él. Nos ha dado el ministerio de la intercesión (I Pedro 1:9).
LA PORCIÓN DE LOS PROFETAS, EZEQUIEL 43:10-27
Desde que el segundo Templo fue destruido por Roma en el año 70 DC, todos los días el pueblo judío ha orado por un nuevo Templo.
Al profeta Zacarías el SEÑOR le reveló que el tercer Templo lo edificará “el Renuevo”, el Vástago justo del linaje de David (Zacarías 6:12-13, Jeremías 23:5-6), y que Él ministrará allí en los dos oficios de Rey y Sacerdote.
Y, al profeta Daniel, el SEÑOR le reveló la medida de tiempo que tendría que pasar para que llegue el momento glorioso de la ceremonia de la unción del Templo mesiánico. En ese momento se pondrá fin a la transgresión y el pecado, se establecerá la justicia perdurable del reino del Mesías (Daniel 9:24). Isaías nos hace ver que cuando llegue ese día glorioso, la luz de la luna será como la luz del sol, y la luz del sol será siete veces mayor, como la luz de siete días (Isaías 30:26).
Fue al profeta Ezequiel que el SEÑOR le reveló más detalles acerca del tercer Templo. Inspirado por el Espíritu del SEÑOR, el profeta Ezequiel escribió acerca del encuentro del pueblo con el SEÑOR el monte Sinaí y lo describe cómo una boda, el día matrimonial: “Extendí mi manto sobre ti y cubrí tu desnudez. Te hice juramento y entre en pacto contigo, y fuiste mía¨ (Ezequiel 16:8).
Ezequiel explica que el Eterno hizo muchas cosas a favor de su prometida en el monte Sinaí en el momento de entregarle la Torá. La lavó, la ungió con aceite. Construyó una casa (el Tabernáculo) para habitar con ella. La visitó con telas bordadas, lino fino y sedas. La embelleció con costosas joyas de oro, plata, y piedras preciosas.
Con amor eterno le colocó el más preciado anillo de bodas en su dedo, el Shabat, como las arras de su inquebrantable fidelidad y de los planes buenos y benditos que permanecen en el corazón divino para la comunión con su amada. La cuidó y no le faltó provisión alguna durante las largas jornadas en el desierto. La defendió de sus enemigos y no permitió que hablaran mal de ella.
Pero la casa de Judá profanó la Casa del SEÑOR. Apagaron la luz continua e hicieron del Templo un lugar completamente oscuro y lleno de imagines abominables y de corrupción y muerte. Volvieron sus espaldas al Dios único y verdadero e invocaron a otros dioses.
El profeta Ezequiel nos dice que aquella hermosa novia del monte Sinaí se portó de lo más vil. Se prostituyó, fue infiel, adúltera. Se enamoró de los dioses de los pueblos alrededor. Regaló a sus amantes todos sus vestidos, las telas bordadas y las hermosas joyas que el Dios de Israel le había dado a ella. Sacrificó a sus hijos como comida para los demonios, los entregó a la horrenda muerte en las llamas de Baal (Ezequiel 16:15-29).
El profeta sabía que la gloria del SEÑOR se iba retirar y advirtió al pueblo que Jerusalem muy pronto sería como una olla llena de carne inmunda, colocada sobre un gran fuego con mucha leña. La carne y los huesos que se iban quemar completamente, y el fuego iba a seguir, seguir y seguir hasta fundir completamente la olla (Ezequiel 8:1-11:24, 24:9-14).
Ezequiel fue testigo de la idolatría e inmundicia del pueblo de Judá. Vio cómo desafiaron la presencia divina por las abominaciones que cometían en el Templo que había edificado Salomón.
Por medio de actos proféticos desde su casa en la cautividad de Babilonia, Ezequiel les dio a conocer “lamentaciones, gemidos y ayes”, juicios que vendrían a causa de la gran maldad. Él vio la gloria del SEÑOR retirarse del Templo: primero subió del querubín hacia el umbral (9:3); luego salió del umbral y fue hacia la entrada de la puerta del este (10:18-19); después se elevó de en medio de la ciudad y se detuvo sobre el Monte de los Olivos (11:23).
En la tercera visión, Ezequiel fue llevado por el Espíritu a un valle lleno de huesos quemados: secos y esparcidos. Profetizó VIDA sobre los huesos y observó con gran asombro el poder de la resurrección del Espíritu del Mesías, obrando su plena restauración, hasta que los huesos secos llegaron a ser una vez más el gran ejército del SEÑOR (Ezequiel 37:1-14).
En la cuarta y última visión (Ezequiel 40:1-48:35), la mano del SEÑOR llevó al profeta a la tierra de Israel sobre un monte muy alto. Desde allí, él pudo ver el Templo mesiánico y el SEÑOR lo llevó a la puerta del oriente. En ese momento Ezequiel vio el retorno de su gloria, que llenó el Templo.
Ezequiel escuchó la voz del Hijo del Hombre, como la de muchas aguas, decir: “Este es el lugar de mi trono, el lugar de las plantas de mis pies, donde habitaré entre los hijos de Israel para siempre” (Ezequiel 43:7). ¡La tierra resplandecerá por su presencia!
Ezequiel registró los detalles que el SEÑOR le dio acerca del Templo mesiánico: las medidas, los adornos, los sacrificios y la adoración. También se metió en el río de aguas vivas que salía del Templo, cada vez más profundas, y vio que daban vida a todo lo que tocaban. Observó con gran alegría a la santa ciudad y su nombre nuevo: Jerusalem restaurada, “EL SEÑOR ESTÁ ALLÍ”.
La Ley del tercer Templo es la SANTIDAD (Ezequiel 43:12). Así como se realizó la ceremonia de la inauguración del Tabernáculo que levantó Moisés (Levítico 8-10), la inauguración del Templo que edificó Salomón (I Reyes 8), y la inauguración del segundo Templo que levantó Zorobabel al terminar la cautividad en Babilonia (Esdras 6:16-22), la ceremonia de la unción del tercer Templo también llevará siete días y será motivo de gran regocijo y alabanza (Ezequiel 43:19-27).
La Casa del SEÑOR será la Casa de oración para todas las naciones (Isaías 56:7). Subirán a Jerusalem para estudiar la Torá y aprenderán los caminos del Dios de Israel. Celebrarán todas las fiestas bíblicas y sus ofrendas serán aceptadas por el Eterno (Isaías 2:1-5, 56:6-8).
LA PORCIÓN DE LOS EVANGELIOS, MATEO 5:13-20
Yeshua habló a sus discípulos y les dijo: “Vosotros sois la sal de la tierra; pero si la sal se ha vuelto insípida ¿con qué se hará salada otra vez?”
La sal tenía varios usos en las Escrituras: preservaba la comida, fue añadida a las ofrendas de granos. El SEÑOR se refiere a sus pactos como “de sal”, porque sus promesas son eternas, fieles e incorruptibles.
La sal tiene un efecto desinfectante y purificador. Detiene la corrupción. Sin embargo, pierde su utilidad cuando es diluida. Sucede cuando ha asimilado la humedad del ambiente y otras impurezas.
Así también, la asimilación de las costumbres del mundo rinde inservible nuestro ejemplo de vida. Si aceptamos la inmoralidad con su estilo de vida “normal, moderno” a pesar de que la Palabra de Dios prohíbe la conducta, entonces somos como la sal insípida e inútil.
Si enseñamos a otros con palabras o con el ejemplo del caminar de la vida diaria que realmente no nos importan los mandamientos del SEÑOR, entonces somos como la sal diluida, que no influye al prójimo para bien. No sirve para conducir a nadie hacía la pureza y ni es incapaz de detener la corrupción.
También Yeshua les dijo: “Vosotros sois la luz del mundo. "Una ciudad situada sobre un monte no se puede ocultar; ni se enciende una lámpara y se pone debajo de un almud, sino sobre un candelero; y alumbra a todos los que están en la casa. Así brille vuestra luz delante de los hombres, para que vean vuestras buenas acciones y glorifiquen a vuestro Padre que está en los cielos” (Mateo 5:15-16).
Así como la luz de la ciudad sobre un monte no se puede ocultar, como discípulos de Yeshua tenemos que caminar en rectitud, obedeciendo sus mandamientos.
Jerusalem es la ciudad sobre un monte. Sus cimientos están en el monte del Templo (Salmo 87:1) Somos la luz de la Casa de Dios (Isaías 2:2-4; 60:1-22; Miqueas 4:1-3; Apocalipsis 21:10-11). Nuestras buenas obras son la luz del mundo. Yeshua examina y corrige las obras de las iglesias y nos dice: “Haz las obras que hiciste en el principio, si no, vendré a ti y quitaré tu candelero de tu lugar, si no te arrepientes” (Apocalipsis 2:5).
La maldad desafía la presencia del SEÑOR en nuestras vidas (I Corintios 6:19-20; I Pedro 1:14-16; Hebreos 12:14). Apaga la luz. Es sencillo: la luz no tiene comunión con las tinieblas.
La Ley de la Casa del SEÑOR es la santidad. Si le amamos y guardamos sus mandamientos, Él hará su morada en nosotros (Juan 14:23-24). No es aconsejable desafiar su presencia. Sin santidad, nadie lo verá (Hebreos 12:14). Él no comparte su gloria con ídolos.
Yeshua no vino a anular los mandamientos de la Torá. Y si mostramos a otras personas, ya sea por palabras, ejemplo o el estilo de vida, que no nos importa su Palabra, no somos luz, ni mora su santo Espíritu en nosotros. La presencia del Espíritu del Mesías en nuestras vidas es de vital importancia ya que, sin su obra continua en nuestros corazones, es imposible ser luz.
La parábola de Mateo 25:1-13 nos enseña acerca de la importancia del aceite. Las vírgenes insensatas (irresponsables) no tenían aceite para sus lámparas y, cuando llegó el Novio, no estaban preparadas para la boda. Sus lámparas se apagaron.
La Palabra de Dios es nuestra lámpara, es nuestra luz continua (Salmo 119:105). Los irresponsables saben que existe la Torá y los mandamientos, pero no prestan atención a la Palabra de Dios. No están pendientes de la voz del Novio. Vencidos por el espíritu del estupor, quedan dormidos. No podrán entrar en el reino de los cielos porque la puerta estará cerrada.

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La palabra hebrea "aliyá" significa subir y se refiere al retorno de los hijos de Israel a la Tierra Prometida
¡El Eterno bendice a los creyentes de las naciones que aman las Escrituras y su plan de la restauración de Israel!
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